Toda fotografía, sin excepción, pasaba por una superficie concreta y limitada, que podía sentirse al tacto y deteriorarse con el tiempo. En ese sentido, la historia de la fotografía es también la historia de los soportes que captan la luz, con todas sus implicaciones: el desarrollo de una industria; la sofisticación de una tecnología química y mecánica; la creación de un nuevo lenguaje plástico y visual, como ocurre, por ejemplo, con la consolidación del negativo.